La Economía del Bien Común según Felber


Acabo de leer hace un par de días La economía del bien común, libro de Christian Felber, y que como avancé en post anterior, procedo a comentarlo, especialmente después de que me haya proporcionado una lectura muy clarificadora sobre las posibilidades “reales” de implantar un nuevo modelo económico, más sostenible, racional y social que el actual, basado en los principios de una economía de libre mercado que cada vez está más alejada de lo que precisa la sociedad actual y el planeta en el que habitamos.

Podría destacar tantas ideas, planteamientos, reflexiones, etc, que casi recomendaría la lectura inmediata de este libro a cualquier persona que hoy se pregunta si no habrá otras formas de orientar la economía mundial y alejarla del principio fundamental consistente en medir la riqueza en base a la capacidad de obtener beneficios económicos sin otra razón que la de obtenerlos.

Su lectura proporciona la poderosa convicción de que este modelo nuevo económico se sustenta en un conjunto de principios cuya puesta en práctica no sólo es posible sino que la propia sociedad, a día de hoy, estaría preparada para hacerlos suyos. La prueba de ello es que las redes sociales actuales están construyendo un conjunto de principios motores, basados en gran medida en la cooperación y la compartición (un ejemplo de ello es el crowd-funding), que pueden servir de base para afrontar este nuevo modelo económico.

Todo el planteamiento de la Economía del Bien Común parte de una premisa evidente y es que el modelo de economía de libre mercado actual, basado en la obtención del interés propio como fin supremo, trae como consecuencia una concentración y abuso de poder, un desmantelamiento de la competencia real y formación de cárteles (oligopolio, que a su vez localiza la competencia y genera especulación en los precios), un incremento en los niveles de desconfianza y miedo sociales, no satisfaciendo las necesidades básicas de la población (basta con analizar la hambruna mundial como consecuencia de la especulación de los mercados de materias primas), una destrucción de ecosistemas enteros (motivado por el principio rector de producción ilimitada), la pérdida de valores humanos fundamentales en favor de valores estrictamente materiales (lo que conlleva que aquellos que son considerados como personas de éxito en este modelo, son a su vez, especialmente antisociales), y finalmente, la supresión de la democracia real y su sustitución por un simulacro convertido en un producto más del libre mercado, dominado por gobiernos y grupos de presión representados por bancos, multinacionales y especuladores encubiertos bajo fondos de inversión anónimos.

Partiendo de todo esto, la economía del bien común retoma los principios fundamentales de la democracia como los principios reguladores de la misma, redefiniendo el concepto de éxito económico. Ya no es el PIB lo que realmente importa sino el beneficio social que reporta la actividad empresarial, siendo precisamente éste el objetivo último y quedando relegado el beneficio económico a un medio en lugar de un fin.

En la actualidad, el beneficio de una empresa sólo ofrece información de cómo se sirve a sí misma, pero no de cómo sirve a la sociedad. Para medir el beneficio social de una empresa, nuevo paradigma del concepto de éxito, Felber establece lo que ha venido a denominar el balance del bien común, que mide de manera empírica, tal como lo hace el balance financiero, el grado de beneficio que aporta la empresa a la sociedad. En este balance del bien común se miden cinco puntos: dignidad humana, solidaridad, justicia, sostenibilidad medioambiental y democracia. Son los valores que deben regir la actividad de cualquier empresa, y cuanto mayor sea el grado de implicación de ésta en aquellos, mejor será su balance del bien común. La manera de medirlos está tabulada, y Felber la ofrece mediante su matriz del bien común, de manera que su implantación práctica deja de ser una simple utopía. Se establecen varios niveles en base a los resultados obtenidos por el balance del bien común, de forma que las leyes de cada estado se orientarán a premiar a aquellas empresas que ofrecen mejores balances del bien común, por ejemplo reduciendo sus impuestos (valor añadido, aranceles, específicos, ayudas directas, facilitando el crédito, etc) y procediendo de manera contraria para aquellas empresas que se alejen de él. De hecho, hoy los consumidores ya aplicamos en cierta medida estos principios, por ejemplo evitando la compra de un producto que ha sido fabricado atentando contra los derechos fundamentales de los trabajadores que lo han confeccionado.

En este nuevo contexto económico aparece la figura de la banca democrática, cuyo objeto final es promover las iniciativas orientadas a fomentar este nuevo modelo, incentivando la creación de empresas con fines sociales.

Surge también otro principio rector que es el de evitar las desigualdades abismales en las retribuciones salariales, estableciendo unos niveles máximo y mínimo por hora trabajada. Se evita así que hayan sueldos que multipliquen por mil el salario mínimo interprofesional, por ejemplo.

Aparece también un concepto fundamental para que pueda ponerse óptimamente en práctica el nuevo modelo económico y es el del tamaño óptimo de la empresa, opuesto al actual de tamaño ilimitado. Cada empresa crecerá hasta alcanzar lo que puede denominarse como tamaño óptimo (tal como rige en la naturaleza), que supone desarrollar plenamente el objetivo social que se planteó inicialmente, proporcionando unos balances de bien común y financiero óptimos. Desde ese momento, la empresa comienza una segunda fase consistente en participar en mecanismos de cooperación tendentes a potenciar el desarrollo de otras empresas. Es justamente este mecanismo, y no el de competir o actuar contra otras, lo que reportará un beneficio añadido a la empresa. Esto no significa que no exista competencia, existe realmente, pero está basada en el win-win en lugar del win-lose.

Felber también dedica un apartado específico al modelo educativo, pues éste se erige como pilar fundamental para la puesta en práctica de este nuevo paradigma económico. Se hace necesaria la promoción de nuevos valores, la sensibilización de la conciencia del ser humano (incluyendo el propio cuerpo), la práctica de competencias sociales y comunicativas y el aprecio por la naturaleza. Para ello deberían impartirse asignaturas de educación emocional, educación ética, educación comunicacional, educación para la democracia, educación para descubrir la naturaleza y conocimiento del cuerpo. Es importante tener en cuenta que los seres humanos somos competitivos, codiciosos e interesados hoy en día porque así nos han educado desde nuestra infancia, sin embargo, basta con analizar los movimientos que han surgido como consecuencia del empoderamiento actual de las redes sociales para advertir que el ser humano, por encima del espíritu competidor, es intrínsecamente cooperador.

Una democracia real (directa) es otro elemento que considera imprescindible Felber para abonar la economía del bien común, que, una vez puesta en marcha, afianzará a su vez a aquella. No voy a extenderme en este punto, pero aconsejaría que se leyera detenidamente el capítulo que la aborda, pues me parece que puede convertirse en un interesante ejercicio de reflexión sobre el modelo de pseudodemocracia de la que nos creemos beneficiarios. Aboga por una separación real de poderes y una participación directa de cada ciudadano en aquellos asuntos que consideren oportunos (¿les suena esto a algo?), promoviendo ellos mismos leyes o derogándolas mediante el mecanismo de la convención. Como ejemplo pone el artículo 66 de la nueva constitución de Islandia por el que se establece que el 2 por ciento de la población con derecho a voto puede presentar un proyecto de ley en el Parlamento, que a su vez puede presentar una alternativa a la propuesta popular, siendo el pueblo soberano quien finalmente decida de entre las dos. Esto no es más que dar un paso más a iniciativas ya implementadas en las redes sociales del estilo de Avaaz o de Change.

En definitiva, un texto que presenta un modelo económico alternativo que va más allá de una simple utopía, que plantea mecanismos racionales de implementación y que abarcan desde la educación hasta la banca, desde la empresa hasta la propia democracia. Muchos lectores podrán disentir de algunos planteamientos, pero no cabe duda que aporta una visión diferente y coherente que nos hará reflexionar sobre aspectos que en algunos casos teníamos asumidos como inamovibles.

Creo que en los próximos años muchos partidos políticos comenzarán a integrar algunos de los planteamientos de la Economía del Bien Común en sus idearios, y no sólo porque hayan llegado a las mismas convicciones, sino porque la propia sociedad se los demandará.

Espero que disfrutéis de su lectura tanto, al menos, como yo.

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