La libertad de expresión en Internet


Acabo de escuchar hoy una noticia que inicialmente me ha dejado perplejo, más por los términos en los que se formula que en el fondo que conlleva. José Ignacio Wert, recién nombrado ministro de Educación, Cultura y Deporte por Mariano Rajoy, ha anunciado que empleará mano de hierro contra la piratería en España y que, por el contrario, alentará el mecenazgo (¿una vuelta a la Italia de los Medici?) desactivando el sistema actual de subvenciones. ¿Se imaginan a grandes compañías como Repsol, Coca-cola o Telefónica convirtiéndose en los principales agentes de desarrollo de la cultura? Creo que no se necesitan, basta con facilitar que autores/creadores conecten con sus potenciales clientes/consumidores en la propia red. Entonces se estará desarrollando un cultura cuya base es la propia sociedad y no los principios rectores que mueven determinadas ideologías políticas o económicas.

Aunque a muchos, a priori, nos puede resultar lógico combatir la piratería, ya que al fin y al cabo los creadores deben vivir de sus obras (tienen hijos, familias que sustentar, letras que pagar, etc), por otro lado, también nos abre la puerta a reflexionar sobre las consecuencias que puede llevar aparejada el uso de mecanismos indiscriminados para alcanzar el objetivo inicialmente lícito que se plantea.

¿Cómo perseguir la piratería sin mermar el derecho de expresión e intercambio de información de aquellos que usamos la red como un medio más de expresión? ¿Quiénes harán de ejecutores de la ley y en base a qué supuestos? ¿Se perseguirá al usuario o al que realmente se beneficia de esas descargas?. ¿Se distinguirá entre herramienta y mal uso de la herramienta? ¿Hay un interés especial en controlar el flujo de la información en la red por parte de determinados agentes, ya sean gobiernos o entidades privadas?

Ya empiezo a temblar… Hace poco vi un vídeo de la TED en la que se trataba cómo hoy Internet se está convirtiendo en una herramienta deseada por los gobiernos de muchos países para ser empleada en beneficio de ciertas ideas o planteamientos políticos y/o económicos en vez de potenciarlas para que esté al servicio de los ciudadanos. La conferenciante en ese vídeo, Rebecca MacKinnon, ponía como ejemplos tanto gobiernos autocráticos como otros que a priori tienen el marchamo de democráticos, y cómo ciertas empresas e iniciativas privadas actuaban en connivencia con ellos.

No dejo de preguntarme porqué se ataca tanto la descarga de libros y música desde la red sin pago previo alguno cuando, por ejemplo, un escritor sólo recibe, aproximadamente, el 10% de los beneficios de la venta de un libro suyo. ¿Qué sucede con el 90% restante? ¿No habría que reformular los mecanismos de venta y el reparto de beneficios? Hoy un escritor puede colocar libre y directamente su obra en librerías digitales y obtener un margen de ganancias mucho mayor ofreciendo su obra a un precio sensiblemente más bajo a como se oferta a través de las editoriales clásicas. Si un libro en formato digital carece de los gastos propios de un libro en papel, ¿porqué sigue siendo tan elevado su precio? Si es lamentable la piratería, no muy lejos de ese término queda el hecho de que un libro en papel cueste 20 euros y otro en formato digital se venda por cuatro euros menos.

Están cambiando las vías de hacer llegar la cultura a la sociedad y de cómo ésta la consume, y creo que es por ahí por donde se debe acometer cualquier reforma. Cambian los agentes “distribuidores” de la cultura y comienzan a desaparecer muchos intermediarios. Es hora de que la honestidad se convierta en pilar fundamental del proceso de negocio de los agentes distribuidores de la cultura (entiéndase editoriales, discográficas, etc.) y entiendan que no pueden seguir manteniendo una posición de monopolio y elevados beneficios cuando Internet se muestra hoy como una alternativa real a los medios de producción culturales clásicos, una vía en la que los creadores colocan su producto frente al posible consumidor, donde la colaboración es clave en la creación de nuevas obras, y en la que el consumidor sí está dispuesto a recompensar económicamente a su autor pero no a aquellos que se valen de una posición de supremacía para obtener un beneficio que no recibirá en su justa medida el autor de la obra.

Las redes sociales están creando un movimiento de carácter supranacional, una inteligencia social que trasciende los estados-nación y que comienza a enfrentarse directamente con los agentes que verdaderamente mueven los hilos de la política internacional: las grandes multinacionales y los grupos de especulación económicos. Se aproxima el momento en el que los usuarios de la red exigirán una Carta Magna que les asegure el derecho del libre uso de Internet, de igual modo a como lo hicieron nuestros antepasados con la Constitución y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Sin más, os dejo con el vídeo de Rebecca MacKinnon

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